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Boletín N° 2 -  Abril de 2004

cees

Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos

estrategiasuramericana@yahoo.com.ar

fax (5411) 4383-1862

Venezuela 1877 (1096)

Buenos Aires- Argentina

PRESENTACIÓN DEL CEES

Inauguramos el servicio de boletines del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos (CEES) con el objetivo de enriquecer un nuevo espacio político en la compleja realidad del subcontinente. Realidad que se conforma no sólo por lo que es, sino también por lo que puede ser. Es nuestra intención, entonces, trabajar tanto sobre lo que está en acto como lo que está en potencia, utilizando una metodología histórico-fenomenológica en el primer aspecto y una hermenéutico-prospectiva en el segundo; siempre a través de un abordaje interdisciplinario que permita atender la variedad de registros que constituyen la realidad suramericana.

Nos embarcamos en este proyecto un grupo de personas que desarrollamos distintos quehaceres -políticos, sindicalistas, profesionales, investigadores, profesores- que tanto desde diferentes disciplinas -historia, economía, literatura, politología, sociología, filosofía- como desde nuestras prácticas político-sociales cotidianas, accedemos al fenómeno geoestratégico y geopolítico suramericano.

 Ideológicamente nos inscribimos dentro del ideario de Patria Grande de nuestros próceres de la Independencia y en la corriente de pensamiento no–conformista que cuestiona tanto al pensamiento único como a lo políticamente correcto.

Integramos el núcleo fundador del CEES: Helio Jaguaribe, Luiz Moniz Bandeira, Hugo Moyano, Julio Piumato, Juan Manuel Palacios, Gerónimo Venegas, Domingo José Moreyra, Juan José Moreyra, Isidoro Aramburu, Juan C. Murgos, Juan Manuel Loimil, Héctor Recalde, Alberto Buela, Horacio Cagni, Julio Fernández Baraibar, Carlos Antonio Fernández, Jorge Dall´Aglio, Carlos Pereyra Mele.

Dejamos, por este medio, abierta la invitación a todos aquellos que deseen participar de esta aventura: La conformación de un pensamiento estratégico genuinamente americano.

Hacia una nueva estrategia suramericana

Indice Boletín N°2

1) Luiz Alberto Moniz Bandeira: Estados Unidos y la crisis de Venezuela.

2) Alberto Buela: Chávez, Perón y la Iglesia.

3) Horacio Cagni: Contexto suramericano e internacional.

4) Víctor Carriba: Suramérica avanza y el Alca se estanca.

 5) Horacio Cagni: Importancia estratégica de Venezuela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los EE.UU. y la crisis en Venezuela

Luiz Alberto Moniz Bandeira(*)

 En 1989, apenas algunos días después de la asunción de Carlos Andrés Pérez, de la Acción Democrática, a la presidencia de Venezuela, el pueblo salió a las calles de Caracas para expresar su repudio al paquete económico, un duro plan de ajuste, de acuerdo a los modelos exigidos por el FMI y que él pretendió aplicar. La violenta serie de disturbios y saqueos culminó con casi 300 muertos y el ambiente de descontento recrudeció de tal modo que llevó al teniente-coronel Hugo Chávez, comandando cerca de 300 efectivos, a intentar un golpe de Estado el 3 de febrero de 1992. El golpe fracasó, pero Chávez se volvió tan popular que fue electo legítimamente presidente de Venezuela, en 1998, al frente del Movimiento V República (MVR), con la promesa de promover "una revolución pacífica y democrática".

 Orientado por el principio de que el pueblo integrado como nación constituía el poder soberano, podía romper revolucionariamente con el régimen jurídico, político o socio-económico que no se adecuase a sus aspiraciones o que fuese obstáculo a su progreso, convocó un referéndum para votar una nueva Constitución1, aprobada por 71,21% de los electores, cambiando las estructuras políticas y jurídicas y el nombre del país a República Bolivariana de Venezuela. Esa Constitución rompió el modelo democrático tradicional, dentro del cual durante 42 años, dos partidos – Acción Democrática, de tendencia social-demócrata y Copei (demócrata-cristiano) de centro-derecha, se repartieran el poder. Y Chávez, cuyo mandato de presidente de la República fue ampliado para 6 años y confirmado a través de nuevas elecciones realizadas en 2000, modificó no sólo las pautas económicas sino que reorientó la política exterior de Venezuela, estrechando relaciones con Cuba, con la cual firmó un acuerdo para la venta de 53.000 barriles diarios de petróleo a precios de mercado, así como con Irak y Libia, vistos como enemigos de los EE.UU.

 Venezuela, con la tendencia de Chávez hacia un nacionalismo de izquierda, configuró un obstáculo más a las negociaciones para el establecimiento del ALCA y colocó a los EE.UU., de los cuales era el principal proveedor de petróleo, delante del problema de tener que respetar la voluntad popular, manteniendo la coherencia con la política de promoción de la democracia, emprendida en los años 90 y evitar, al mismo tiempo, que ésta se convirtiese en la Cuba de la post guerra fría y Hugo Chávez se transformase en víctima, en un segundo Fidel Castro, dado el sentimiento anti-norteamericano existente en toda la América Latina. Esa la razón por la cual Clinton prefirió evitar costos políticos y económicos, en el ámbito nacional y regional, y tomó la actitud de wait and see (esperar y ver), aunque tratase de concretar el Plan Colombia, de modo a evitar no solamente que el ejemplo de Venezuela contaminase países como Bolivia, Ecuador y Colombia, en los cuales las políticas de liberalización económica produjeron la exclusión social y desestabilizaron los regimenes, pero también estorbar la integración del Mercosur con el Bloque Andino.

 A pesar de que Venezuela fuese, junto con Ecuador, uno de los dos únicos países de América del Sur que tenían, en la segunda mitad de los años 90, un saldo positivo en su balanza comercial debido a las exportaciones de petróleo a los EE.UU., Chávez no logró contener la crisis económica y social, agravada por la fuga de capitales, así como por las crecidas y desmoronamientos que ocurrieron a fines de 1999 y causaron enormes perjuicios, valuados entre U$S 15 y U$S 20 billones. La situación en Venezuela se deterioró y, a fines de 2001, se volvió bastante inestable, indicando que un proceso de desestabilización del gobierno estaba en curso. Y, dada la sobre-valorización de la moneda venezolana – el Bolívar – Hugo Chávez no tuvo alternativa, sino liberar el cambio a comienzos de 2002, abandonando el sistema de bandas, a fin de detener la sangría en las reservas internacionales que cayeron de U$S 16,1 billones de dólares en enero de 2001 a U$S 12,2 billones en diciembre, la mayor caída en una década, lo que redujo las reservas del Banco Central en 23,7%.

 Cerca de U$S 700 millones se evadieron de Venezuela solamente en la primera semana de febrero de 2002. La reducción de las reservas internacionales, acompañada por la caída de los precios del petróleo, le dejó poco espacio de maniobra. Y, en medio de su peor crisis política, Hugo Chávez tuvo que hacer una completa revisión en el presupuesto de U$S 34,34 billones, con la reducción de gastos en un 7% y un recorte de deudas del gobierno a la mitad, un ajuste económico tan fuerte que derribó abruptamente el valor del bolívar (19% en relación al dólar) y transformó el centro de Caracas en un escenario similar al de Buenos Aires2, donde las manifestaciones de masas (cacerolazos) derribaron el gobierno de la dupla Fernando de la Rúa-Domingo Cavallo (19/21.12.2001).

 La Administración Bush tenía, ciertamente, profundas razones para preocuparse con América Latina, a pesar de que sus atenciones estuviesen vueltas, sobre todo, a la guerra en Afganistán y a la crisis en el Medio Oriente, donde el conflicto entre Israel y los palestinos recrudecía.

 Collin Powell, frente al Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, observó, a principios de febrero de 2002, que los EE.UU. iban a vender más para América Latina y el Caribe que para la Unión Europea y que su comercio era mayor dentro del NAFTA que con la Unión Europea y Japón juntos7. "We sell more to Mercosur than to China" – dijo Collin Powell, al resaltar que América Latina y el Caribe eran el "fastest growing export market" de los EE.UU., razón por la cual, claramente, el presidente Bush estaba en lo cierto en concentrar su atención sobre ese hemisferio y en los esfuerzos para crear el ALCA8.

 Todo esto indicaba, según Powell, que la Administración Bush se movía en la dirección cierta, "in our own hemisphere", no obstante los "difficult problems" en Argentina, Colombia, Venezuela y en otras partes de América Latina9. "We need to keep democracy and market economics on the march in Latin America, and we need to do everything we can to help our friends dispel some of the dark clouds that are there" – agregó Collin Powell10.

 Venezuela mereció, mientras tanto, una mención especial, al declarar Colin Powell que las acciones del presidente Hugo Chávez preocupaban a la Administración Bush, debido a sus comentarios sobre la campaña contra el terrorismo, así como al hecho de no haberla apoyado tanto como podría haber hecho y elegir para visitar algunos de los "lugares más extraños" (Irak y Cuba), calificados como "estados parias" por los EE.UU.4 Ese pronunciamiento provocó diversas reacciones del Gobierno Chávez, que acusó a Washington de atentar contra la soberanía venezolana. Pero, casi al mismo tiempo, el director de la CIA, George J. Tenet, dio al Select Committee on Inteligence del Senado norteamericano una declaración similar, al reconocer que la situación en América Latina estaba "becoming increasingly volatile as the potential for instability there grows" y que la región fuera azotada por cinco crisis económicas, en menos de un año, y que se agravara aún más por el impacto de los atentados del 11 de setiembre5. Dentro de ese contexto, él se mostró particularmente preocupado con Venezuela, el tercer mayor proveedor de petróleo de los EE.UU., resaltando que el descontento con el presidente Chávez y la "Revolución Bolivariana" "is growing, economic conditions have deteriorated with the fall in oil prices, and the crisis atmosphere is likely to worsen"6.

 Colin Powell y George J. Tenet no estaban a especular. Sabían realmente de los preparativos para deponer al presidente Hugo Chávez, pues altos funcionarios de la Administración Bush ya se habían encontrado, diversas veces, con los dirigentes de la coalición que articulaba el golpe de estado en Venezuela11. Y sus declaraciones iban en esa dirección, al punto que la agitación en Caracas recrudeció y, enseguida dos días después, el 7 de febrero, el coronel de la Aviación, Pedro Vicente Soto Fuentes, y el capitán de la Guardia Nacional, Pedro Flores Rivero, apoyados por otros militares, se rebelaron, exigiendo la renuncia de Hugo Chávez que, Donna Hrinak, entonces embajadora de los EE.UU. en Caracas, acusó luego de tener "simpatía" por la guerrilla colombiana12.

Y, mientras Chávez consiguiese dominar la rebelión, el presidente George W. Bush decidió formalizar su aislamiento, dentro del sistema interamericano y regional, al pedir que Venezuela no fuese convocada para la reunión de los países andinos, a realizarse el 23 de marzo de 2002 en el Perú. Bush demostró así que los EE.UU. no estaban más dispuestos a aceptar la inflexión de Venezuela a una especie de nacionalismo de izquierda. Como el propio historiador Kenneth Maxwell, miembro del Council of Foreign Relations, de los EE.UU., después del 11 de setiembre la actitud americana se endureció, y nadie en Washington estaría "muito infeliz" si Chávez dejase el gobierno13, no sólo, por cierto, porque él se aproximara a Fidel Castro y a los jefes de gobierno de Irak, Saddam Hussein y de Libia, Muammar Kadafi, sino también porque Venezuela, dentro del Bloque Andino, pasara a constituir el contrapunto de Brasil, en la resistencia a la implantación del ALCA y se oponía a la intervención multilateral en Colombia14. Y la atmósfera para un golpe de estado se conformó cuando la Central de los Trabajadores Venezolanos (CTV),k controlada por los partidarios de Carlos Andrés Pérez, convocó, el 6 de abril, a una huelga general de 24 horas, por motivos salariales, contando con el respaldo de la poderosa organización patronal – Fedecámaras – y otros sectores civiles.

 El golpe de 11/12 de abril

 Esa crisis recrudeció con la destitución de siete altos ejecutivos de la compañía Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), en virtud del conflicto en que estaban con la dirección nombrada por Chávez. Y el 10 de abril, con el objetivo declarado de obligar a Chávez a salir del gobierno, los dirigentes de la CTV y de la organización patronal Federación de Cámaras (Fedecámaras) declararon que la huelga general sería indefinida y, al día siguiente, instaron a la multitud a marchar al Palacio Miraflores, con el objetivo de exigir su renuncia. Y, en la secuencia de esa demostración de protesta y actos de violencia, en que las tropas de la Guardia Nacional intervinieron y, por lo menos 15 personas murieron y cerca de 110 resultaron heridas, por balas que partieron, según algunas versiones, de agentes provocadores, franco tiradores colocados en las ventanas de algunos edificios de Caracas15, el golpe de estado fue perpetrado. Del 11 al 12 de abril, luego de esos acontecimientos, tres generales prendieron a Chávez, lo llevaron para el Fuerte Tiuna, escoltado por el antiguo ministro de Defensa, José Vicente Rangel, y por el jefe de la seguridad del Palacio Miraflores, Manuel Rosendo y el general Lucas Rincón Romero, jefe del Estado Mayor del Ejército de Venezuela, anunció que renunciaría a la presidencia de la República. Pedro Carmona Estanca, presidente de Fedecámaras, asumió entonces el gobierno de Venezuela, contando con el apoyo de los medios de comunicación, TVs, radios y diarios.

 La política exterior de los EE.UU., vis-à-vis de América Latina, nunca fue, en realidad, consistente con los principios democráticos norteamericanos, que siempre constituyeron un elemento marginal, con el fin de retórica. El respaldo tácito al golpe de estado en Venezuela demostró una vez más que Washington solamente admitiría y respetaría los regímenes democráticos en los países de América Latina, siempre y cuando funcionaran a favor de sus intereses económicos, políticos y estratégicos. En 1963, la Embajada de Brasil en Washington, bajo el mando de Roberto Campos, destacó que, mientras el Departamento de Estado condenase cualquier atentado a la democracia representativa en el hemisferio, el gobierno de John F. Kennedy no dejaba de reconocer y cultivar "relaciones amistosas con las peores dictaduras de derecha", pues "desde el punto de vista de los sectores militares de Washington, tales gobiernos son mucho más útiles a los intereses de seguridad continental de que los regímenes constitucionales"47. Tales sectores, los de extrema derecha, fueron los que pasaron a orientar la política internacional de los EE.UU., después de la dudosa elección de George W.

  Esa "hard right", con la asunción de George W. Bush a la presidencia, pasó a comandar una potencia, cuya fuerza militar se volviera, a partir de la Segunda Guerra Mundial, la única en el mundo cuya misión principal no es la defensiva, sino la ofensiva, no la de defender las fronteras nacionales, sino la de proyectar su poder sobre todos los continentes49.

 Y, desde el colapso del Bloque Socialista, recrudeció en Washington, según firmó el periodista William Pfaff del International Herald Tribune, la idea de que los EE.UU. deberían ejercer su "unrivaled power" como un imperio, a fin de lograr la estabilidad internacional, resolver los problemas de terrorismo, de las "rogue nations" (naciones irresponsables e indisciplinadas), armas de destrucción masiva y así en adelante. Tales propuestas para la institución del imperio, según Willian Pfaff, no eran intelectualmente serias, pero eran significativas, porque la clase política y la burocracia estaban enamoradas del poder internacional en la "they want more"50. Y de allí la amenaza. Desde el siglo XVII, la ley internacional se basó en los principios de la soberanía nacional y de la igualdad legal de las naciones, sin embargo, según reconoció el propio William Pfaff, "Washington ignores whenever convenient"51. También el politólogo e historiador Kenneth Maxwell, del Council of Foreign Relations, reveló que las cabezas jóvenes y brillantes de la página de editoriales del Wall Street Journal, los ideólogos neo-conservadores de los institutos de estudios de Washington y, lo más amenazante, los liderazgos civiles del Pentágono, pasaron a proclamar que había llegado el momento de "hablar alto y se pelos en la lengua sobre el Imperio Americano", de que los EE.UU. ejercieran plenamente sus poderes imperiales, de adherir a la misión imperial que les fuera impuesta y, de ser preciso, imponer la "pax americana" por la fuerza avasalladora de las armas52. La facilitación del golpe de estado en Venezuela constituyó, por cierto, el desdoblamiento de esa estrategia, tendiendo a subordinar toda América del Sur a los intereses hegemónicos de los EE.UU. y a la conformación del Imperio Americano.

 El gobierno del presidente George W. Bush, todo lo indica, no desistió de derrocar el presidente Hugo Chávez. Condiciones internas, en Venezuela, había. El gobierno de Chávez continuó a enfrentar severa oposición de ciertos sectores sociales, adversos a la Ley de Tierras, por contrariar los intereses de los latifundistas y especuladores urbanos, y a la Ley de Hidrocarburos, mediante la cual la PdVSA no más podría retener 80% de su ingreso con las exportaciones de petróleo, a título de costos operativos, en detrimento de las finanzas del Estado.

 Y no se podía descartar la hipótesis de que la CIA, en diciembre de 2002, estuviese a manipular esas contradicciones sociales, encorajando el paro general, que cesaron sobre todo las actividades de la PdVSA, y las manifestaciones callejeras, promovidas por la Coordinadora Democrática, con el apoyo de la prensa, a fin de exigir la renuncia de Chávez y elecciones anticipadas. Eses acontecimientos caracterizaron una larga maniobra para desestabilizar el gobierno en Venezuela y forzar su derrumbe, dado que la vía del golpe militar, que rompiese la legalidad constitucional, no era muy factible. El general Raúl Baduel, comandante Cuarta División Blindada y Guarnición Militar de Maracay, aledaña al Batallón de Paracaidistas, rechazó varias veces pedidos para que diera un golpe y reveló a la prensa que lo inquietaba la existencia de sectores que creían "que congregar a un alto número de personas en una manifestación era ya un instrumento válido para que el presidente salga del poder". "Es preocupante, porque si lo aceptamos vamos a estar permanentemente en situaciones parecidas "- agregó el general Raul Baduel53.

 Sin duda, el paro general y las manifestaciones callejeras, desencadenas el 2 de diciembre de 2002, configuraron una nueva modalidad de golpe, de modo a tornar el país ingobernable, a tal punto que no restase a Chávez otra salida sino renunciar a la presidencia. Muy sintomática fue la actitud de la Casa Blanca delante de tales acontecimientos, que amenazaban llevar el Estado venezolano al colapso y al borde de una guerra civil. En 13 de diciembre, el gobierno de los EE.UU., a través de su vocero Ari Fleischer, respaldó, abiertamente, a la oposición en Venezuela, al exhortar el presidente Chávez a convocar elecciones anticipadas, como la única forma de solucionar pacífica y políticamente la crisis54. Dos días después, empero, retrocedió, aclarando que el gobierno de los EE.UU. no estaba a proponer la anticipación de las elecciones, sino la realización de un referéndum sobre la popularidad de Chávez55, no previsto, igualmente, por la Constitución Bolivariana de Venezuela, de 199956. Ese cambio de actitud resultó, en cierta medida, de la decisión de Consejo Permanente de la OEA, que resolvió, en la reunión del mismo día 13 de diciembre, "respaldar plenamente la institucionalidad democrática y constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, cuyo gobierno preside Hugo Chávez Frías, y rechazar categóricamente cualquier intento de golpe de estado o alteración del orden constitucional". Pero demostró las contradicciones domésticas en que la administración de George W. Bush se debatía, bloqueada por la resolución de la OEA, y a enfrentar, de un lado, presiones de los que, como Otto Reich57, insistían en la remoción de Chávez, y a temer, del otro, que la crisis en Venezuela, responsable por casi 15% del suministro de petróleo a los EE.UU., resultase en un conflicto armado, en el momento en que se preparaba la guerra contra el Irak.

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 Notas

 1Em novembro de 1998, ocorreu na Venezuela a eleição presidencial e legislativa regular exigida pela Constituição de 1961. Chávez ganhou a votação para a presidência mas não a maioria legislativa. Em abril de 1999 realizou-se um referendum consultivo sobre a convocatória de uma Assembléia Constituinte. Em julho do mesmo ano ocorreu a eleição dos 131 constituintes, dos quais 125 receberam apoio de Chávez e apenas 6 configuraram a oposição. E em dezembro efetivou-se o referendum no qual a Constituição da chamada Quinta República denominada posteriormente, República Bolivariana de Venezuela, obteve 71,21% de aprovação.

  6Ibid. Tambem se referiu à Argentina, onde, segundo percebia, o presidente Duhalde tentava preliminarmente manter a ordem pública, para promover a recuperação econômica, mas seu apoio era pequeno, e acentuou que a situação na Colômbia permanecia "highly volatile" , o processo de paz enfrentava muitos obstáculos e a violência aumentava, sobretudo pelas FARC, que representava uma "serious threat" aos interesses dos EUA na América Latina

 12Em meados de fevereiro de 2002, a embaixadora dos EUA em Caracas, Donna Hrinak em entrevista à televisão Televen que aos Estados Unidos "preocupa" que "hay cierta simpatía" do gobierno venezelano para com os guerrilheiros colombianos, que ela chamou de terroristas, recordando que Chávez não os considerava como tal.

 56 O Artigo 230 da Constituição Bolivariana da Venezuela fixou em seis anos o mandato do presidente da República, que só pode ser reeleito uma só vez, para um período adicional. O Artigo 72 estabeleceu que "todos"todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables", por meio de referéndum popular. Este referéndum talvez pudesse ser convocado, mas só em agosto de 2003, após transcorrer metade do mandato de Chávez. Caso ele perdesse, então deveria convocar eleições para dentro de 30 dias.

 (*) Cientista político brasileño

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Chávez, Perón y la Iglesia

Alberto Buela(*)

La historia política de la Patria Iberoamericana ha sido, desde siempre, caracterizada por los demoliberales como una interrumpida sucesión de golpes de estados y tiranuelos. Pero del mismo modo puede ser interpretada como la interminable sucesión de democracias corruptas y entreguitas.

 Venezuela es, en estos dos aspectos, un caso emblemático. Tuvo dictadores de una arbitrariedad absoluta como el Gral. Juan Vicente Gómez - gobernó desde 1908 a 1935- quien, por ejemplo, ante la multiplicación de mendigos en Caracas los cargó en un barco y lo hundió en el Atlántico. Y regímenes como los demócratas cristianos y los socialdemócratas de los Caldera, Betancourt, Carlos Andrés Pérez -gobernaron 41 años seguidos desde l958 a 1999, sumiendo a Venezuela, país riquísimo por naturaleza, en una pobreza humillante y en injusticia social que ofende aun a la conciencia menos dispuesta.

Este régimen pseudo democrático alabado por toda la inteligencia liberal progresista como paradigmático para Nuestra América produjo, entre otras beldades el estallido social del "caracazo"(29-2-89) con miles de muertos en las calles. Muertos que nadie pagó, ni ningún socialdemócrata o socialcristiano reclamó en el mundo, pero cuya consecuencia política fue la asunción al poder de Hugo Chávez diez años más tarde.                

En Argentina luego de la denominada "década infame" (1930-1943) surgió Perón quien gobernó desde l946 a 1955 cuya caída fue precedida por el bombardeo a mansalva de civiles en la Plaza de Mayo de cuyos cientos de muertos nunca nadie se hizo cargo.

Perón tuvo dos enemigos internos poderosísimos: la oligarquía cipaya y entreguista y la jerarquía de la Iglesia Católica. Y Chávez los tiene actualmente.

A propósito de la reciente Asamblea Nacional Constituyente proclamada plebiscitariamente en Venezuela por el 78% del electorado, varios obispos (Castillo Lara, Lucket et alia) se han opuesto pública y notoriamente a la nueva Constitución y al nuevo  presidente, alertando ante el peligro del surgimiento de un nuevo dictador, tipo Perón, como sería el caso de Hugo Chávez.

Vemos pues, que pasan los años y el argumento es el mismo, la jerarquía eclesiástica de Iberoamérica siempre ha estado en contra de los movimientos nacionales y populares. No así con los dictadores stricto sensu como los Stroessner, los Pinochet, los Barrientos, los Videla con los que convivió callada y cómodamente.

Esto hay que decirlo de una vez por todas, la Iglesia "latinoamericana", como gustan llamarse los hombres de iglesia, es gorila. Rechaza in totum y por instinto, todo lo que sea "nacional y popular". Ello no quiere decir que no haya curas nacionales, pero son los menos. Una ínfima minoría que no tiene ningún poder de decisión dentro de la Santa Madre. Oscila así la Iglesia, entre dos posturas, la socialcristiana -pecesitos rojos que nadan en agua bendita- y la conservadora -los satisfechos del y con el sistema-. La tercera, el tradicionalismo católico, no corta ni pincha y ha sido demonizado desde el Vaticano II como no perteneciente, de facto, a sus estructuras de poder.(El Episcopado argentino cerró en el 2001 el seminario de la orden del Verbo Encarnado, lleno de candidatos a curas, por ser tradicionalista.)

A Chávez le queda un largo camino en su polémica con la Iglesia. El ha dicho, no sin razón, que "Habría que hacerles un exorcismo a los curas para que el diablo que se les metió se les salga por debajo de las sotanas". Debería tomar a cuenta de inventario la experiencia de Perón sobre el tema, quien al final de sus días y en ejercicio de su tercera presidencia (l974) preguntado sobre el tema respondió: "Su reino no es de este mundo y con esa medida hay que tratarla".

Esta opinión de un conductor de pueblos en el atardecer de su vida nos hace recordar las vicisitudes del protagonista de la novela La Hora 25 quien después de ayudar a los judíos, sin serlo él, en el campo de concentración, a la hora de salir es reconocido por ellos como un extraño y no puede irse.

No vamos a descubrir ninguna verdad nosotros ahora si afirmamos el reposicionamiento político constante y permanente de la Iglesia, así como el lobby judío, en Iberoamérica, pero este reacomodarse permanente al calor de los poderes de turno tiene un límite, aquél que les deben fijar nuestros gobiernos más genuinos a su injerencia en la ejecución de las políticas que privilegian "lo nacional, popular y revolucionario" por sobre el resto.

(*)filósofo argentino

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Contexto Suramericano e Interrnacional

                         

Horacio Cagni(*)

 Contexto suramericano

De  la CGT que lucha o CGT rebelde se viene proponiendo a la sociedad argentina desde hace dos años, hoy nos reunimos por tercera vez,  en sendos congresos sobre el Pensamiento Estratégico de la Patria Grande donde han participados figuras del orden iberoamericano como el costarricense Rodrigo Carazo Odio y el brasileño Helio Jaguaribe, la denominada teoría del rombo como nueva estrategia suramericana.

Esta teoría se resume en la vinculación de los cuatro vértices de un rombo imaginario que une Buenos Aires- Lima o Quito- Caracas y Brasilia. Esto encierra el corazón de la isla continental que es Suramérica y le otorga un carácter bi-oceánico. Al mismo tiempo que suma dos intentos contemporáneos como el Pacto Andino y el Mercosur.

Este corazón continental encierra el 30% del agua dulce del planeta y 50.000 km. de hidrovías navegables que unen las tres cuencas del Plata, Amazonas y Orinoco, pudiéndose navegar del Plata al Guaira con navíos de 1200 toneladas.

Hoy el planteo con Lula en Brasil, Gutierrez en Ecuador y Chávez en Venezuela es que Argentina se sume con Kirchner a esta nueva estrategia suramericana a los efectos de logran un “gran espacio autocentrado” que se pueda abastecer a sí mismo. Pero, y al mismo tiempo, constituir un Mercosur ampliado que se vuelque sobre el Atlántico como nuestro mare nostrum del siglo XXI. Primero con una salida a los vértices naturales que nos brinda Africa conSanto Tomé y Angola como aliados del Brasil por  su cultura y lengua, y Guinea Ecuatorial para el mundo hispanoparlante. Y en segundo lugar, con una salida a la Unión Europea como la ecúmene más próxima a la nuestra.

Ante el conflicto del dólar con el euro, la idea es crear una moneda regional propia y fuerte apoyada en nuestro aparato agropecuario-industrial y luego establecer una proporcionalidad adecuada con el euro, para así morigerar la dictadura del dólar.

 Contexto Transnacional

 El inicio del momento técnico-militar en la guerra de los Estados Unidos contra Irak, no hace más que mostrar con mayor claridad el complejo de contradicciones que son hoy las relaciones internacionales entre Países; Bloques de países y Consorcios transnacionales.
Prueba de ello son : La revitalización de la alianza Franco-alemana, el reposicionamiento de Rusia ; la consolidación de la Gran China y la solidaridad del mundo Islámico ante la inminente invasión de un estado soberano.


La guerra en Suramérica se expresa no solamente por el control del petróleo y los recursos naturales, sino a demás por los enfrentamientos librados en cada rincón de cada sistema polìtico-institucional; parlamentos, poder judicial; etc.
La sociedad en nuestro país se debate entre la generalización de la protesta y la ausencia de un armazón político que se materialice en un Proyecto Nacional inclusivo.
Como parte de los problemas que debemos resolver para la conformación de un Nuevo Movimiento Popular, es definir con mayor claridad una política de alianzas tanto para el plano internacional como para el plano nacional.

En el plano local definimos como nuestro enemigo principal al capital financiero transnacional de origen angloamericano. Este interés se expresa por una fracción de la burguesía financiera y sostenido en bloque histórico por una pequeña burguesía progresista e ilustrada que se desempeña en ámbitos académicos y comunicacionales

Como se trata de consolidar un proceso contra hegemónico el Capital Financiero Angloamericano es necesario librar una gran batalla cultural(ideológica, política, ética, etc.) en cada ámbito y espacio que se nos presente. Sembrar ideas; sembrar ideas y construir todas las cuñas que sean necesarias para debilitar aquella alianza nefasta y restarle toda
legitimidad posible.

 Contexto internacional

Se puede decir que la política internacional actual avanza a contrarreloj, con una velocidad desusada.

En primer lugar, la globalización ha encontrado serios escollos a partir del 11 de septiembre de 2001, pues existe una total revalorización de criterios geopolíticos y geoestratégicos como consecuencia del atentado en suelo estadounidense. La lucha por la posesión de recursos energéticos estratégicos de vital importancia -petróleo , gas y agua potable – ha entrado en un punto álgido. Si algo diferencia la actual administración del Presidente G. Bush es que difiere de la orientación que tenia el gobierno de su padre. Mientras G. Bush (padre) actuaba de manera firme pero moderada, evitando la ocupación de terreno en Irak, sosteniendo al régimen de Saddam como “mal menor” frente a una anarquía en el área y aceptando el surgimiento de otros espacios con predominancia norteamericana, su hijo va por la hegemonía, buscando asegurar los recursos que permitan a EE.UU. continuar como primera potencia mundial en el futuro. En realidad, los cerebros de este plan son dos WASP de color: “Condy” Rice y Colin Powell. Pero los motores son el aparato burocrático-militar-industrial que montara en su oportunidad “Ike” Eisenhower, unido a los intereses industriales, armamentistas y petroleros norteamericanos. Por lo tanto, esta línea se opone a la globalización mundialista, tanto talasocrática-financiera-especulativa (representada por los derrotados en las elecciones yanquis, ajustadamente, Dole-Liberman) como a la sinarquía de raíz europea. Se trata de otra manifestación del atlantismo, de carácter industrial-productivo-militar.

A esta línea le es indispensable el control de los recursos energéticos de Asia (Oriente Medio) y de Iberoamerica para enfrentar el lento y sostenido crecimiento europeo (el euro superó al dólar) y la formidable presencia china. En reciente entrevista en el “Corrière”, los lideres chinos admiten una planificación de todo el siglo. En 2015 paridad con USA, superación hacia 1250 y hegemonía a fin del s. XXI. Los norteamericanos saben que Irak ha contrabandeado petróleo vía Rusia hacia Francia, Alemania, Japón. La guerra “preventiva” contra Saddam Hussein es una guerra contra Europa y el Extremo Oriente en el fondo (aunque hoy Europa siga a la zaga de la política estadounidense). Por ello han arreglado con Putin y la derecha rusa, quien tiene manos libres con los chechenios (asunto gaseamiento en el Bolshoi) a cambio de renegociar su posición frente a una invasión de Irak, por ello soportan a Sharon (masacre de palestinos, nuevos misiles antimisiles) pues se trata de una unión de revalorizadores del Estado Nación frente a la sinarquía mundialista. Ello se ve en el propio plano interno estadounidense (ofensiva contra la banca y contraofensiva financiera) con la crisis consiguiente: ya hay cartoneros en New York, Los Ángeles y Miami. La guerra, tarde o temprano, como factor de reacomodamiento, será inevitable.

En cuanto a Iberoamerica, se reduce a la batalla por Suramérica. La Venezuela del Presidente Chávez está conociendo el gorilismo, sólo que los sindicatos allá militan en la reacción, se aproxima una revolución del 55 para el gobierno popular. El Ecuador del Cnel. Gutiérrez debe asumir los graves problemas internos y tiene que recorrer un largo trecho para consolidarse. La clave fundamental para la región es lo que sucede en Brasil. El triunfo del PT. del Presidente Lula da Silva implica un viraje geopolítico en el área. En primer lugar, el PT. Se ha alejado de su origen marxista y se ha “peronizado” crecientemente, con lo que ello significa en política interior. El objetivo, dijo Lula, es conseguir que los brasileños puedan comer tres veces al día, ello potenciará el mercado interno y, de modo indirecto, al MERCOSUR. Esta asociación ha sido declarada prioridad uno por el nuevo gobierno brasileño.

Que Brasil es un desafío para los EE.UU. lo saben los geopolíticos, como Luc Sorel, quien ha definido la estrategia norteamericana como una “langosta de mar”, el cerebro y el corazón en USA,  las tenazas ofensivas-defensivas orientadas hacia el Atlántico y el Pacífico, y la cola del crustáceo, rica en carne, es Iberoamérica. Por eso, en densidad de población y calidad de maniobra en política externa, Brasil es el único oponente serio. No hay que olvidar que la orientación de la política económica-internacional del Ministerio de Economía Argentino (Lavagna, hombre conformado en Bruselas) y de su par brasileño lulista coinciden en seguir una línea productiva alejada del modelo cavallista o lópezmurphista. Esta línea no está tampoco enfrentada per se a los republicanos wasp de Bush, sólo que con ellos se negociaría desde una posición de fuerza (MERCOSUR ampliado en relación a ALCA), lo cual diferencia a los contactos de Lula con EE.UU claramente de la postura que tuviera el menemismo. De todos modos, Washington está ahora muy ocupado con Oriente Medio, el turno de Iberoamerica vendría después. Lo que no pueden deglutir es el triunfo de un gobierno popular-populista como el de Kirchner en Argentina, que una sus esfuerzos al Brasil en el ínterin.

En Iberoamérica juegan dos grandes fuerzas: la sinarquía plutocrática financiera de los organismos internacionales tipo FMI y Banco Mundial más los Bancos privados de inversión, globalizantes y que compran a los massmedia,  y la política del Departamento de Estado del Presidente Bush, o mejor dicho de quienes él representa. No son lo mismo. En los hechos, las fuerzas militares norteamericanas están profundamente internadas en Asia (Afganistán, Uzbekistán, Kirguizistán, etc.) pero también en Suramérica (Colombia como base principal, Perú, Bolivia y la zona argentina adyacente a la Triple Frontera). Para extender su influencia política y consolidarla, proponen ahora una alianza naval (aeronaval) contra el terrorismo y la corrupción (como si terroristas y corruptos dispusieran de flotas) con la participación de las escuadras de todo el continente. Esta maniobra, debido a la superioridad técnica y numérica abrumadora de los norteamericanos, está destinada al control de las costas (un semibloqueo) de toda el área y la anulación relativa de la flota brasileña, de hecho la más importante, pues tiene el único gran portaaviones de ataque (ex-Foch francés) convencional que resta en el mundo (arma por cierto inútil pero que revela, junto con la firme actitud del ejército brasileño en el Amazonia, la voluntad independiente de Brasilia).

En este contexto, está bien planteada la gestión que la izquierda europea de línea “Le Monde” propone para Argentina: Brasilia o Washington. Argentina es necesaria a la integración y a la consolidación del bloque suramericano, consciente ya de que no puede conducir nada sin ser buen adláter del socio mayor brasileño. Un error, como sostiene H. Jaguaribe, es enfrentar directamente a los EE.UU. y propender a una “iraquización” del área, pues luego de Oriente Medio, sin duda, le tocaría el turno a Iberoamérica Si bien los espacios son diferentes, no olvidemos que Venezuela es el quinto productor mundial de crudo. reducido.

La Argentina tiene la posibilidad de fijar una clara política internacional dando prioridad a una política de integración suramericana. Nuestra cancillería no puede darse el lujo de perder más tiempo, u optamos por generar un eje sur-sur (América-Africa) o seguiremos empeñados en retirarnos de la historia política del mundo durante todo el siglo XXI.

 (*) politólogo argentino

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SURAMERICA AVANZA Y EL ALCA SE ESTANCA

 

                                                             Víctor Carriba(*)

Justo cuando se agudizan las contradicciones sobre la pretendida Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), los países sudamericanos completaron su cuadro de integración regional entre el MERCOSUR y la Comunidad Andina.

Buenos Aires acaba de ser testigo, casi al unísono, de un nuevo fracaso de las negociaciones del ALCA y del final del proceso que conforma un Area de Libre Comercio en Sudamérica que abarca desde Colombia y Venezuela, en el norte, hasta la Tierra del Fuego argentina, en el sur.

El complementamiento de ese esquema regional se produjo con la incorporación de Colombia, Ecuador y Venezuela a las filas del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con Chile, Bolivia y Perú como miembros asociados.

Se trata de un mercado con alrededor de 340 millones de consumidores y de un proyecto que comenzó a debatirse hace ocho años para integrar a los dos grandes bloques de América del Sur (la Comunidad Andina y el MERCOSUR).

El nuevo mecanismo entrará en funciones el 1º de julio próximo durante una cumbre regional prevista para celebrarse en Quito con la participación de los jefes de Estado de todos los países involucrados.

De acuerdo con lo pactado, en ese momento comenzará un proceso progresivo de desgravación arancelaria que llegará al nivel cero en 10 años.

Actualmente, el MERCOSUR y la Comunidad Andina tienen un intercambio comercial de 5.790 millones de dólares, con un superávit de 2.932 millones de dólares a favor de los países del cono sur.

Para Martín Redrado, secretario de Comercio Internacional de la Cancillería argentina, el nuevo pacto sudamericano permite establecer las bases para el desarrollo del comercio, la integración industrial y la inversión, herramientas indispensables para generar un crecimiento económico y social sostenible.

Asimismo, constituye 'un destino inexorable para la región, tanto por la identidad de intereses políticos y económicos, como por la historia y la cultura que comparten nuestros países, lo que nos permite prever amplias ventajas en la integración regional a la hora de relacionarnos con el resto del mundo'.

Las economías del MERCOSUR y la Comunidad Andina presentan un importante grado de complementación comercial, por lo cual la eliminación de los aranceles abrirá enormes posibilidades para la ampliación y diversificación del comercio.

En contraposición, las negociaciones para el proyectado ALCA impulsado por Washington acaban de sufrir otro severo descalabro, precisamente por las contradicciones hasta ahora insalvables entre los intereses de Estados Unidos -acompañado por Canadá, México y Costa Rica- y el resto del continente (MERCOSUR y las comunidades Andina y del Caribe).

El nuevo fracaso, el segundo en un mes y en el mismo escenario, tuvo lugar en Buenos Aires al no registrarse avances en una denominada reunión informal destinada a acercar posiciones con vistas a una programada cita ministerial a finales de abril en la ciudad mexicana de Puebla, ya postergada en una ocasión.

El fiasco fue tan mayúsculo que el foro en tierra azteca fue suspendido sin fecha determinada, lo cual puso en serio peligro el publicitado objetivo de inaugurar el ALCA el 1º de enero de 2005.

Al referirse a la falta de acuerdo reiterada aquí, Redrado explicó que la propuesta de Estados Unidos contiene 'un grado de ambigüedad que no satisface al MERCOSUR' y criticó la intransigencia de los norteamericanos con respecto a mantener -o poder reintroducir en el tiempo- los subsidios a su agricultura en detrimento de los productores sudamericanos.

(*)Periodista argentino 

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IMPORTANCIA ESTRATÉGICA DE VENEZUELA

Horacio Cagni (*)

La importancia geoestratégica de Venezuela es su condición de país abierto al Caribe y a la vez al subcontinente suramericano en proyección hacia el sur en su condición de país amazónico donde se encuentra la mayor parte de la cuenca del Orinoco, complementaria del gran circuito hídrico con el Amazonas y la del Plata.

Es el país con mayores reservas de petróleo de Ibero América, de alta calidad, por lo que puede ser considerado la reserva energética indispensable del gran espacio autocentrado del Mercosur ampliado. Si esas fuentes permanecen en poder del país permanecen en poder del megaespacio, su cercenamiento sería fatal (su importancia está probada en la actual crisis energética argentina).

Venezuela limita directamente con la Unión Europea, sin eufemismo. La enorme refinería holandesa de Aruba-Curazao, una de las más grandes del mundo, está frente a sus costas. Pero lo más importante: desde hace unos años Francia ha incorporado, en una nueva figura jurìdica, a Martinica y Guadalupe, islas vecinas, no ya en estatus colonial sino como provincias de ultramar, es decir que Francia es paìs caribeño y latinoamericano. Y se sabe la postura francesa (máscara de la alemana y otras naciones europeas) frente a la ingerencia estadounidense.

Por tanto, el eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires es el eje que enlaza las tres cuencas y se abre en dos tenazas sobre el Atlántico Sur y el Caribe.

Esta trilogía de fuerzas tiene un centro gravitatorio hacia el Pacifico por desplazamiento de su centro geopolítico, dado que Argentina debe actuar sobre el Atlántico sur ante la presencia chilena, en general no muy proclive a esta estrategia y Venezuela está limitada por el Plan Colombia. La fuerza hacia el Pacifico, ya en Ecuador o Perú o ambos (estados también

amazónicos) debe ser afianzado por el control brasileño del Amazonas y la unión con los antedichos países por vía fluvial y carreteras. Pero debe apoyarse en las dos "patas" Caracas-Bs.As. Resulta decisivo la creación de una fuerza de autodefensa conjunta brasileño-argentino-venezolana, en principio, para la defensa del espacio estratégico Amazonia-Orinoco-Plata.

La presencia venezolana, por último, permite equilibrar las fuerzas de Brasil y Argentina en su justa medida e influiría para que los más chicos (Paraguay-Uruguay-Bolivia) tengan un tratamiento más justo en el marco de la federación o confederación o comunidad o como se quiera llamar de naciones suramericanas.

(*) politicólogo argentino

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Buenos Aires, Abril de 2.004- Cees Argentina