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LA HISPANIDAD HOY - HACIA LA UNIDAD DE LA AMÉRICA CRIOLLA
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PRESENTACIÓN

El Presente Trabajo es la Exposición que desarrolló el Dr. en Ciencias Políticas Mario Meneghini en las JORNADAS: “LA HISPANIDAD HOY - Hacia la unidad de la América Criolla” organizadas por el Instituto de Cultura Hispánica de Córdoba en el mes de Julio 2003 en la Universidad Nacional de Córdoba; dada la trascendencia del trabajo sobre “Soberanía e Integración” creo importante exponerlo a discusión de los visitantes del Sitio.

Lic. C. A. Pereyra Mele.

JORNADAS: “LA HISPANIDAD HOY - HACIA LA UNIDAD DE LA AMÉRICA CRIOLLA”
(3/5-7-2003)

Ponencia: “El concepto de Soberanía y la integración de la Argentina a un organismo supraestatal”


El actual Presidente de la República, ha optado claramente por el fortalecimiento del MERCOSUR , no limitado al plano económico, sino ampliado a las esferas cultural, social y política. Considera necesaria la coordinación y, eventualmente, la unificación de sistemas y normas, con la armonización de las variables macroeconómicas, previéndose, incluso, instituir una moneda común. Esta posición, coincide con la conclusión de destacados analistas que consideran imprescindible constituir una Unión Sudamericana, para poder resistir las dificultades que trae aparejadas la etapa de globalización que rige en el mundo. Helio Jaguaribe opina que:
“Nuestra capacidad de maniobra depende íntegramente de fortalecer el MERCOSUR. Aisladamente, la Argentina no tiene capacidad alguna de sobrevivencia.”

Ante este nuevo escenario internacional, resulta conveniente profundizar en el concepto de soberanía, que, indudablemente, estará involucrado en el proceso en marcha. Es lugar común sostener que los Estados sufren hoy una disminución o pérdida total de su soberanía. Dicen Alvin y Heidi Toffler: “En suma, la soberanía no es lo que fue, ni lo que será”; y postulan adoptar un nuevo concepto, el de “soberanía efectiva”, pues muchos países: “Aunque posean una soberanía legal, la efectiva es limitada.”
Analizaremos, en forma sucesiva, varias cuestiones que están relacionadas con el tema que estudiamos.

I. EL ESTADO

En realidad, no nos debería preocupar la actual crisis de la idea del Estado-nación. En efecto, dicha concepción es ajena a nuestra tradición cultural, e implica el sofisma de que el Estado es la nación jurídicamente organizada. La nación es “una comunidad de origen que signa la pertenencia a una estirpe” Según la clasificación sociológica de los grupos sociales, la nación es una comunidad, grupo humano que no se forma deliberadamente, a diferencia de las sociedades. La nación surge históricamente, como vínculo étnico y espiritual entre personas que poseen una serie de factores comunes. “Unidad de destino, en lo universal”, según la expresión elegante de José Antonio Primo de Rivera. Es una realidad, pero sólo puede conocerse por abstracción intelectual; no es una persona moral o jurídica, y, por lo tanto, no puede organizarse.

En cambio, el Estado es el órgano de conducción de una sociedad, territorialmente delimitada, que procura el Bien Común. La característica esencial del Estado, que la diferencia de cualquier otro grupo constituido deliberadamente, es la autarquía, definida por Aristóteles como autosuficiencia, es decir “aquella propiedad, mediante la cual los esfuerzos de los hombres, por completarse unos a otros, habían de hallar en él (Estado) una satisfacción plena”. Por eso, la doctrina clásica calificó al Estado como sociedad perfecta, pues tiene en sí todos los medios necesarios para alcanzar el Bien Común. Pero el Estado moderno adquiere un matiz religioso. Paradójicamente, la secularización moderna comienza con el “derecho divino de los reyes”, expresión que procura eliminar el poder espiritual, divinizando el poder natural. “La teoría del derecho divino de los reyes permitió la aparición del absolutismo. El absolutismo abrió las puertas al Estado moderno, donde el “derecho divino de los reyes” simplemente fue sustituido por el “derecho divino de los pueblos”.

1- Kirchner (2003), pgs. l3l/l33.
2- Auel (l999), p. 45
3- Debate, Nº 9, l6-5-2003, pgs. 30/3l.
4- Toffler, Alvin y Heidi. “La soberanía ya no es lo que era”; La Nación, 24-l0-2002, p. l7.
5- Sacchi (200l), p. l23.
6- Jellinek (l974), p. 328.
7- Amaritriain (2003).

II. LA SOBERANIA

Lo que complica el tema es el atributo de la soberanía, que se añade al poder estatal, a partir del siglo XVI. Bodino la describe como “el poder absoluto y perpetuo en una República”, lo que señala una diferencia clara con el enfoque de la escuela teológica y jurídica española del mismo siglo. Con respecto a la supremacía del poder estatal, ya Alfonso el Sabio, en el siglo XIII, al examinar la potestad de hacer las leyes comentaba: “mucho más las podremos nos facer, que, por la merced de Dios, non avemos mayor sobre nos en el temporal”. Pero, como enseña Francisco de Vitoria: “Un legislador que no cumpliera sus propias leyes haría injuria a la República, ya que el legislador también es parte de la República. Las leyes dadas por el rey, obligan al rey...”. El gobernante, entonces, posee una potestad suprema, en su orden, pero no indeterminada ni absoluta. El poder se fundamenta en razón del fin para el que está establecido y se define por este fin: el bien común temporal. Lo que es ajeno a ese fin, como la vida sobrenatural, el orden internacional o la vida estrictamente privada, está fuera de la competencia del poder del Estado, sin mengua de su supremacía. (Luis Sánchez Agesta)

Por lo tanto, lo que está en crisis es el modelo moderno de Estado, que emerge con la paz de Westfalia (l648), -basado en la teoría bodiniana de la soberanía-, con el agravante de la voluntad popular rousseauniana, añadida posteriormente. Debemos, por consiguiente, comenzar por depurar el concepto de soberanía de las deformaciones ideológicas. Para ello, recurrimos a Bidart Campos, quien la define con precisión: “la cualidad de aquel poder que para organizarse jurídicamente no reconoce, dentro del ámbito de relaciones que rige, otro poder superior, de cuya normación positiva derive lógicamente su propia validez normativa.” Por lo tanto, el Estado es supremo en su propia jurisdicción, pero de ninguna manera ese poder supremo es ilimitado, y en todos los aspectos supremos, sino que es supremo sólo en relación a determinadas materias y a ciertos contenidos. Entonces, “el concepto de soberanía sólo puede entenderse dentro del ámbito del ordo rerum humanorum. La soberanía política se refiere, pues, a un contenido parcial de este orden, y no al todo. (...) el poder soberano está sujeto al fin del orden, cuyo fin es doble: el bien común y la conservación de los derechos y las dignidades de las personas y de sus asociaciones en interés de las cuales existe el orden.” Resumiendo la doctrina clásica, el Syllabus, de Pío IX, condena la pretensión de que: “El Estado, por ser fuente y origen de todos los derechos, goza de un derecho totalmente ilimitado”. (Nº 39)

Ahora bien, esta cualidad del poder no es susceptible de grados; existe o no. Por lo tanto carece de sentido “denunciar” la disminución de la soberanía, en los Estados contemporáneos. Lo que puede disminuirse o incrementarse es el poder propiamente dicho, es decir, la capacidad efectiva de hacer cosas, de resolver problemas e influir en la realidad. Pero, el hecho de que un Estado acepte delegar atribuciones propias en un organismo supraestatal -como el MERCOSUR- no afecta su soberanía, pues, precisamente, adopta dichas decisiones en virtud de su carácter de ente soberano. Soberanía equivale a independencia de un Estado soberano respecto a los demás que poseen la misma cualidad. “El concepto de soberanía, por tanto, no es una contradicción del orden internacional; por el contrario, es una conditio sine qua non para su existencia y realización.” . Es necesario recordar que la reforma de la Constitución Argentina de l994, le otorgó al Congreso la facultad de:
“Aprobar tratados de integración que deleguen competencias y jurisdicción a organizaciones supraestatales en condiciones de reciprocidad e igualdad...” (Art.75,inc.24)

8 - “El Espéculo”, Ed. Códigos Españoles, Madrid, l85l, I,I,3.
9 - Sánchez Agesta (l959), p. 4l/42.
10- Bidart Campos (l96l), p. 56.
11- Rommen (l956), pgs. 459 y 462.
12- Rommen (l956), p. 463.

III. EL ESTADO ARGENTINO

La realidad política argentina -ya de por sí crítica- incluye un problema grave: la inexistencia del Estado, que dejó de funcionar como tal en l970 . Sostenemos que, al margen de los diferentes sistemas de gobierno y formas estatales, existe un Estado cuando desarrolla adecuadamente tres funciones básicas: Síntesis -Planeamiento - Conducción. Si un Estado no cumple con estas tres funciones, ha dejado de existir. Esta es, objetivamente, la situación argentina, que sólo dispone de gobiernos, que actúan erráticamente, al no estar encuadrados en un Estado. De modo que la acción más urgente es la de restaurar el Estado Argentino, y así está previsto en el Plan de Gobierno del nuevo Presidente que reconoce que: “No hay desarrollo humano con estados ausentes.”

13- Meneghini (2003), p. l3.
14- Kirchner (2003), p. l43.

IV. VIABILIDAD DE UNA POLITICA ARGENTINA INDEPENDIENTE

Cuando, hace cuarenta años, el Papa Juan XXIII promulga su Encíclica “Pacem in Terris”, afirma que “cada estado, independientemente de los demás, no puede atender como conviene a su propio provecho, ni puede adquirir plenamente la perfección debida porque la creciente prosperidad de un estado es en parte efecto y en parte causa de la creciente prosperidad de todos los demás”. (Nº l30) La reflexión pontificia exige replantear si el Estado continúa siendo una sociedad perfecta. No cabe duda que el poder estatal está sometido a muchas restricciones y condicionamientos. No obstante, compartimos el criterio de que los Estados mantienen un margen de autonomía que les permite diseñar un modelo propio de desarrollo, y proporcionar a su población lo necesario. La frase de Juan XXIII sólo pone de relieve la importancia de la cooperación entre los países.

La categoría de sociedad perfecta no se pierde porque un Estado no disponga en su propio territorio de todos los bienes que requiere. Quién ignora, por ejemplo, que Japón carece de minerales y de hidrocarburos, lo que no le ha impedido montar una industria poderosa y convertirse en una potencia. Lo único imprescindible es la capacidad de gestión del propio Estado, que lo habilite para cumplir su rol de gerente del Bien Común. En conclusión, pese a la mayor complejidad que implica el orden internacional actual para su funcionamiento, “el estado sigue siendo sociedad perfecta no obstante los déficit soportados, porque la dosis o cuantía de poder político que conserva le atribuye la capacidad y el deber de procurar todos los medios a su alcance -dentro de él mismo o fuera de él- para el mayor bienestar posible de su sociedad.”

En el plano internacional, en la misma sintonía de Juan XXIII, el actual Pontífice ha destacado el aporte de la Escuela española de Salamanca en la creación del Derecho Internacional. Francisco de Vitoria postuló el Totus Orbis, es decir, la construcción de un mundo unido, “fruto de una auténtica coexistencia basada en el respeto a la propia identidad e integrador de los elementos comunes”. Por consiguiente, el proceso de integración de la República Argentina a un organismo supraestatal, no debe ser visto como algo extraño a nuestra tradición cultural y jurídica. Es coincidente con la misma, el objetivo de la integración sudamericana, destacado recientemente en el documento suscripto por los Presidentes de Brasil y la Argentina, que procura: “la conformación de un modo de desarrollo en el cual se asocien el crecimiento, la justicia social y la dignidad de los ciudadanos”. (ll-6-2003, p.3)

Córdoba, 4 de julio de 2003
Dr. Mario Meneghini
15- Bidart Campos (2003), p. 92.

BIBLIOGRAFIA

- Kirchner, Néstor. “Plan de Gobierno”; 2003, l52 pgs.
- Auel, Heriberto. “La Argentina en sus posguerras”; en: AAVV. “Geopolítica tridimensional Argentina”; Buenos Aires, Eudeba, l999, 305 pgs.
- Centro de Estudios Estratégicos, Ejército Argentino. “Pensamiento Estratégico Argentino”; 2003, l5 pgs.
- Sacchi, Mario. “Apuntes marginales sobre la crisis del Estado nacional”; Gladius, Nº 5l, 200l, pgs. ll9/l34.
- Jellinek, Georg. “Teoría general del Estado”; Buenos Aires, Edit. Albatros, l974, 596 pgs.
- Bidart Campos, Germán. “Doctrina Social de la Iglesia y Derecho Constitucional”; Buenos Aires, Ediar, 2003, 270 pgs.
- Bidart Campos, Germán. “Doctrina del Estado democrático”; Buenos Aires, E.J.E.A., l96l, 36l pgs.
- Sánchez Agesta, Luis. “El concepto del Estado en el pensamiento español del siglo XVI”; Madrid, l959.
- Meneghini, Mario. “No existe soberanía pues no existe el Estado”; Tiempo Militar, 3-l.-2003, p. l3.
- Amaritriain, Alfonso Carlos. “Sobre el Poder en la Modernidad y la Postmodernidad”; Arbil Nº 69, 2003.

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